Cuando la inseguridad toca la puerta: ¿Cómo afecta la delincuencia a los jóvenes en el Perú?

 

Hoy, muchos jóvenes en el Perú sienten que la delincuencia no es solo una noticia, sino una presencia constante en su día a día. Las cifras más recientes muestran que los desafíos en materia de seguridad ya no se limitan a robos comunes o delitos menores: el panorama se ha complicado, y lo hace con rostros cercanos, que pueden cruzarse en la escuela, en el barrio o en redes sociales.

El Sistema de Información de Defunciones (Sinadef) alertó que hasta noviembre de 2024 ya se habían reportado 1 829 homicidios en todo el país, superando los totales de años previos. Eso equivale a cinco muertes violentas por día. En lo que va del 2025, los homicidios perpetrados con armas de fuego ya suman al menos 123 casos entre enero, y en Lima y Callao se ha duplicado el número de adolescentes asesinados respecto al año anterior, sobre todo por proyectiles.

Aunque hay zonas donde los robos y hurtos han disminuido gracias a operativos policiales, los delitos más graves como la extorsión, el sicariato y las agresiones sexuales crecen. En Lima Metropolitana, por ejemplo, las denuncias por extorsión entre enero y julio de 2025 aumentaron un 54,5 % frente al año anterior. El Poder Judicial también reportó 179 condenas por extorsión solo entre enero y septiembre de 2024, una cifra mayor que la registrada en años previos.

Un dato que golpea directo: entre los delitos juveniles totales hay una ligera reducción, pero aquellos considerados de máxima gravedad —homicidios, agresiones sexuales, acoso escolar— han crecido alrededor de un 11 % en 2024 comparado con 2023. Niños, niñas y adolescentes protagonizaron 120 homicidios (un aumento de 18 %), 2 940 agresiones sexuales (21 % más) y 1 196 casos de acoso escolar.

Las regiones también muestran diferencias marcadas. Según el INEI, Arequipa se ubica hoy como la región más insegura, con el 38,6 % de la población mayor de 15 años reportando haber sido víctima de un delito. En Lima, uno de cada dos negocios ya ha reducido su actividad o cerrado por la delincuencia. Esa realidad no es solo estadística: afecta vidas, relaciones, sueños. 


Lo que queda claro

La delincuencia creciente no golpea de la misma forma en todos los lugares ni todas las personas. Hay segmentos más expuestos: adolescentes, jóvenes, vecindarios vulnerables, quienes viven sin certezas económicas. Aunque siempre se habla de “inseguridad ciudadana”, lo que está sucediendo va más allá de cifras. Es miedo, angustia, y también frustración.

Y aunque el Estado ha implementado operativos, condenado a responsables, y trabajado para reforzar la policía y el sistema judicial, las respuestas aún parecen no alcanzar a quienes más lo necesitan. Porque donde hay desigualdad social, desigualdad territorial, falta de oportunidades o de espacios seguros, la violencia se cuela más fácil.


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